Llevas un año con Duolingo y todavía te bloqueas cuando el camarero te pregunta qué quieres.
Aquí hablas desde la primera clase. Conversaciones de verdad, no rachas.
Te sabes la diferencia entre ser y estar, pero te quedas en blanco en cuanto alguien te responde.
No te llenamos de reglas. Te hacemos hablar hasta que deja de dar miedo.
En el médico, en el café, con el vecino — te quedas en blanco y no sabes qué decir, aunque sientes que deberías.
Ensayamos los momentos reales hasta que las palabras salen solas. Sin público, sin juzgar.

